Daniel Schteingart: “No existe un contraste entre industrialismo y economía del conocimiento”

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Daniel Schteingart es doctor en Sociología por el Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad de San Martín (IDAES-UNSAM) y magíster en Sociología Económica por la misma casa de estudios.
Es becario posdoctoral en el CITRA-CONICET y sus principales temas de interés son el desarrollo económico comparado entre países, el análisis de patrones de consumo y la dinámica de la pobreza y la desigualdad.
También es muy activo en Twitter, desde donde defiende y difunde el desarrollo científico y reivindica la importancia de los datos y la evidencia por sobre la sobre la opinión personal.

Yo no veo un contraste entre el industrialismo y la economía del conocimiento, son dos caras de la misma moneda. Los países que hoy lideran la industria del conocimiento son países que prácticamente en su totalidad, son industriales o han dominado tecnologías industriales...

Daniel Schteingart

Doctor en Sociología y becario posdoctoral en el CITRA-CONICET

Desde tu visión acerca del desarrollo, ¿en dónde encaja o qué rol tiene la economía del conocimiento? ¿Hay un choque con las visiones más industrialistas?

Claramente la economía del conocimiento es fundamental en el desarrollo de cualquier país, los países que son desarrollados son aquellos capaces de producir conocimiento y producción, básicamente esa es la mejor forma de desarrollo. Ahí la pregunta es: “¿Cuáles son los sectores que tienen más potencial para esto?” y es un error pensarlo en términos que hay servicios que generan conocimiento y que el sector industrial no está en ese grupo. De hecho, la industria produce muchísimo conocimiento y hay una mirada muy prejuiciosa respecto a ella. En realidad lo cierto es que la industria es el lugar donde se gesta innovación mundial y en donde suceden los grandes derrames de provecho técnico y sigue siendo así: el 80 por ciento de la producción a nivel mundial sigue siendo por la industria.
Yo no veo un contraste entre el industrialismo y la economía del conocimiento, son dos caras de la misma moneda. Los países que hoy lideran la industria del conocimiento son países que prácticamente en su totalidad, son industriales o han dominado tecnologías industriales, como, por ejemplo Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Japón, Corea, China. Son todos países que tienen enormes capacidades industriales y es muy difícil pensar en que te va a brotar un ecosistema de empresas de servicio si no tenés también un complejo fuerte de empresas manufactureras.

¿Cómo te parece que pueden convivir en el caso de Argentina?

Hay que pensar a la economía en términos de cadenas más que de sectores. Cuando vos vas al supermercado y compras un aceite caro, ¿Cuánto de ese precio que pagás es agro, cuánto es industria y cuánto es servicio? En realidad tenés un poco, un poco y un poco, los eslabones se interrelacionan entre sí. Hay ciertos eslabones que tienen un rol muy fuerte en las mayores cadenas que son los eslabones industriales, son como los articuladores de las cadenas, es la parte más práctica del proceso, donde ocurre la mayor innovación.

¿Cuál es tu visión respecto de la relación de las personas con los datos y la estadística, frente a sus propias creencias? ¿Te parece que la evidencia de la data pierde fuerza frente a la opinión?

Hay investigaciones muy interesantes en el ambiente de la psicología social y la psicología moral que muestran que nuestra naturaleza humana es tribal, que formamos parte de grupos y que tenemos cierto tipo de distancia y antagonismo con otros grupos, una condición que probablemente haya evolucionado, pero igual nos acompaña. En la medida en que somos seres grupales, nos cuesta mucho salirnos de aquello que cuestiona o que desafía nuestro grupo, nuestras creencias, nuestros mitos. Por el contrario, nos es muy fácil criticar las opiniones que son del otro grupo. De esta manera uno puede entender el por qué de las grietas, en Argentina pero también en todo el mundo. Tendemos a darle carácter de evidente a lo que creemos que es verdad, y cuando hay evidencias que nos cuestionan lo que pensamos, nos cuesta un montón soltar esa idea. Es bueno hacer el esfuerzo de la práctica: cuando te presentan una evidencia, una idea que te contradiga, en lugar de salir a insultar a otra persona porque piense diferente ver efectivamente, dudar un poco de lo que pensamos.

¿Cómo te parece que Internet y las redes contribuyen a este estado de cosas?

Ocurre lo mismo. Tendemos a armar esos “grupos”, tendemos a agruparnos con gente que piensa como nosotros. Por eso es que están tan polarizadas las redes, un grupo de Facebook o Twitter. Tendemos a seguir mayormente al que piensa como nosotros y nos resulta muy difícil, muy insoportable la gente que piensa distinto. Creo que esto retro alimenta en buena medida esas tendencias hacia interactuar con los propios. 

Sos muy activo difundiendo los resultados de las diferentes encuestas que llevaste a cabo y que reflejan cierto sentir/pensar de los argentinos, aunque siempre aclarás que no es representativa de la población argentina. ¿Cuál es entonces el objetivo?

Esto surgió como un experimento, un divertimento. Fueron en total cuatro encuestas: la de referencias políticas -que tuvo dos versiones- y después la de costumbres y relaciones sociales.
La idea era ver qué tipo de correlaciones hay entre cosas que aparentemente uno diría que “no hay correlación alguna”. De hecho, nos sorprendimos de la cantidad de correlaciones que había. A pesar de que la muestra no es representativa, eso no implica que el resultado no sea interesante. De hecho hay muchísimos estudios de ciencias sociales en Estados Unidos y otras partes del mundo que se basan en muestras no representativas. Yo no puedo decir en una encuesta que “el X por ciento de los argentinos piensa esto” pero en todo caso no es inválido decir “bueno, dentro de quienes votaron a fulanito, hay una tendencia a preferir tal cosa”, son cuestiones distintas.

¿Cuáles fueron los hallazgos que te parecieron más interesantes?

Tenemos ciertos tipos de diferencias culturales, gustos musicales, comidas, ciertas prácticas que uno diría a priori que no tienen ningún tipo de vínculo con nuestras preferencias políticas y en realidad al parecer tienen un montón de vínculo. De hecho a partir de los resultados que nos dieron, empezamos a ver que ocurría en otros países y los estudios nos daban una tendencia muy parecida a lo que pasa en otras partes. Por ejemplo, la gente que ahí tenía ideologías más de derecha tiende a comer más carne, en otros países ocurre la misma tendencia. Lo mismo ocurre con los consumos musicales, por ejemplo, en general los votantes de Alberto Fernández tienden a preferir un poco más de consumo nacional a nivel musical que los votantes de Macri o hay más importancia de consumos más internacionales, sobre todo más ligado a lo norteamericano. También en los géneros de cine, el drama o el documental o el cine histórico es más propio de personas de centro izquierda y las películas de acción van por el lado de personas de centro derecha. Todos estos resultados son similares por ejemplo en Estados Unidos. Básicamente esto nos sorprendió. Después otro de los resultados que nos llamó la atención es que la ideología pareciera condicionar hasta el lugar de veraneo que nos gustaría ir.

¿Exploraron alguna relación con lo digital?

Fue un territorio que no exploramos demasiado, pero algo que salió es que el interés por los objetos tecnológicos se vincula con los varones, y con personas más de ideología de centro derecha, lo cual hace pensar un poco qué le pasa a la izquierda con la tecnología, donde hay una mirada un poco mas escéptica o menos interesada.

¿Qué lugar tiene la ciencia en el imaginario de los argentinos?

En general la confianza de la sociedad argentina con respecto a los científicos es muy alta. Ha habido una campaña de desprestigio a partir de 2016 que en algunos círculos causó impacto pero en las encuestas de opinión pública está entre los grupos sociales con mayor respeto. Lo mismo puedo decir de la universidad pública. Claramente los científicos son fundamentales porque son los que proveen ideas para que la humanidad viva mejor.
En un caso son ideas un poco más si se quiere, teóricas, abstractas, eso que se llama “ciencia básica” y después los campos de ciencia aplicada. Los científicos de uno y otro palo son fundamentales. Asimismo, son fundamentales los científicos de ciencias duras como los de ciencias blandas. Las ciencias sociales para algunos no sirven para nada, pero en definitiva si querés entender por qué o cómo un grupo de rugbiers mató a un pibe, ahí las ciencias sociales juegan un rol muy importante. Si uno quiere pensar cuáles son las mejores políticas públicas que pueden ejecutar los países para mejorar la calidad de vida de la gente, los estudios sociales son fundamentales.