Diego Golombek: “Hay un mayor impulso para que los descubrimientos científicos se conviertan en empresas de base tecnológica”

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Biólogo, escritor, investigador principal del Conicet, pero sobre todo, personaje clave de la divulgación científica en Argentina. Diego Golombek se permite dialogar de tecnología y biología -es profesor titular en la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), donde dirige el laboratorio de Cronobiología-pero también de todos aquellos temas que interceptan y bordean la ciencia, su gran pasión. En diálogo con Interact, analizó el rol actual de lo científico en la Argentina pero también el pulso de la ciencia en las audiencias. Asimismo, explicó que el sistema científico vive un momento de apertura donde el salto al mercado de las ideas de laboratorio está mucho más aceptado.

No veo que haya un cambio tan grande en cuanto a la curiosidad de las personas, creo que ese interés estuvo siempre, la diferencia es que hoy, hay múltiples fuentes de información que circulan más rápidamente y más masivamente, la información se filtra por canales que antes no se filtraba.

Diego Golombek

Biólogo, escritor, investigador principal del Conicet

El presente hoy de la ciencia para la Argentina es muy complejo, a la vez, a nivel de curiosidad en las personas, se ve un interés creciente en el mundo científico, ya sea en conferencias, en la popularidad de los científicos, en piezas de la cultura popular como Chernobyl, ¿lo ves así? "
No veo que haya un cambio tan grande en cuanto a la curiosidad de las personas, creo que ese interés estuvo siempre, la diferencia es que hoy, hay múltiples fuentes de información que circulan más rápidamente y más masivamente, la información se filtra por canales que antes no se filtraba. Pero siempre estuvo esta curiosidad, siempre las noticias científicas interesaron y siempre la ciencia y la tecnología aportaron a las tramas literarias, cinematográficas o culturales en general. Sí creo que hay mas oferta, la gente “para” más la antena, pero me parece que había una concepción errada que decía que la ciencia no interesaba a la gente. Creo que esa afirmación no es cierta, siempre hubo curiosidad por las noticias de la ciencia o sus derivados ficcionales.

Esta impronta más didáctica que vos y otros colegas tuyos ponen en práctica, colabora en mucho en este proceso, ¿verdad?
Si, fue importante que en su momento se de un acuerdo en la necesidad de comunicación de la ciencia, algo que no es sencillo conseguir, me refiero a que existan canales para comunicar: apareció Canal Encuentro, Tecnópolis, un fenómeno masivo que incluyó programas de televisión, libros, conferencias, entre otros. Eso solamente se puede hacer en una atmosfera que sea afín a comunicar la ciencia. Claramente tuvo efecto en las personas, no tenemos indicadores cuantitativos, uno no puede decir que a partir de Tecnópolis “aumentaron las vocaciones científicas” pero está claro que llegó y que los científicos pasaron a ser otro tipo de personaje a nivel de la sociedad. A mí me pasa mucho que me paran por la calle, jóvenes, y me dicen que logré influir en su vocación científica, lo cual me hace pensar: a) que exageran muchísimo y b) que soy viejo. Pero está claro que esa es una de las razones por las cuales hacemos lo que hacemos.

Últimamente han levantado el perfil un grupo de empresas muy innovadoras cuyo núcleo es la experimentación científica en un sentido estricto, desde un “Beyond Meat” hasta Satellogic, solo por poner dos ejemplos. ¿Ves este protagonismo creciente de lo científico en la escena de las empresas más disruptivas?
Por un lado, yo creo que las grandes empresas siempre tuvieron a la ciencia y la tecnología como motor de desarrollo, desde una empresa farmacéutica hasta una empresa de ingeniería, pasando por grandes empresas de alimentos; tiene que haber habido a algún hallazgo, algún invento, algún desarrollo, que se basó necesariamente en cuestiones científicas o tecnológicas. Tal vez la diferencia es que, en este momento, se fomenta mas a nivel mundial que un descubrimiento que surge del sistema científico-tecnológico tenga un camino un poco más allanado hacia al terreno del emprendimiento o la aplicación, es decir, hacia la creación de una empresa de base tecnológica. Esto sí es un poco nuevo, antes costaba más llegar de tu idea de laboratorio o de científico a poder aplicarlo y salir al mundo; no es que no ocurría, pero tal vez ahora hay mas incentivo para que ocurra en todo el mundo.
En nuestro país ocurre menos por muchos motivos, uno es que hay todavía un pequeñito prejuicio de parte del sistema científico de esto de “venderse al capital”, muy pequeño comparado a lo que ocurría cuando yo estudiaba: en ese entonces, saltar al mercado era visto como “dar el mal paso” para un científico. Por otro lado, para poder hacer algo así, necesitas una situación un poco mas estable en lo económico, en lo social, porque si no los vaivenes te tumban muy rápidamente. En Argentina el ecosistema de aplicabilidad del ecosistema emprendedor es mucho más frágil. Sin embargo, esto de “salir un poco mas al mundo a ver qué podemos ofrecer” está mucho mas fomentado que antes, desde el propio sistema científico, desde la sociedad misma, y un poquitito mas desde las instituciones.

¿Vislumbrás algún eje o foco de investigación/estudio del sistema científico que tenga viabilidad en el mercado en el mediano plazo?
La Argentina sigue teniendo una trama básica agropecuaria, la verdad es que es un mundo que se ha tecnificado mucho, entonces a diferencia de lo que podamos pensar (que el mundo agro es un mundo muy conservador) posiblemente lo sea en lo ideológico, pero no en lo tecnológico. Realmente es una industria que ha sido muy permeable a los avances tecnológicos, alguno de los cuales han venido del sistema científico; creo que ahí claramente está el fuerte de los desarrollos actuales y lo que se viene, en todo lo que siguen innovando los ingenieros agrónomos o los bioquímicos, o los profesionales que trabajan en biología del suelo. Todos esos desarrollos tienen un camino muy claro para seguir mejorando la provisión de alimentos para Argentina y para el mundo.
También desde punto de vista de tratamientos médicos hay desarrollos muy interesantes, sobre todo en términos de diagnóstico, lo que en sí es un poco nuevo, porque se están juntando diferentes disciplinas para avanzar hacia diagnósticos mas certeros, mas rápidos, y que ayuden al mundo clínico. Por ejemplo, están colaborando personas con foco en informática e inteligencia artificial para ayudar en diagnósticos psiquiátricos o neurológicos y eso antes no ocurría y son desarrollos que llegarán al mercado, sin dudas. También hay algunos avances en tratamientos clínicos, u oncológicos, que tienen que ver con células madre. Existen iniciativas en el mundo de la ingeniería biomédica muy recientes -porque estas carreras son recientes en la Argentina- que realmente están cambiando la vida a la personas, por ejemplo, con discapacidad, o con algún trastorno que requiera soluciones de tipo ingenieril. La verdad que es un mundo creciente en Argentina que no me cabe duda que va a abrir los ojos o podrá sorprendernos.

Si uno sigue todo lo que vos investigás respecto de la tecnología y el sueño, se entiende donde están los llamados de atención, pero en tu perspectiva general ¿son pesimista respecto a los efectos de la tecnología en los seres humanos?
La visión negativa de la tecnología ha existido siempre, “nos vamos a deshumanizar” “el mundo se nos viene encima”, etc. La tecnología no es buena ni mala, igual que la ciencia, obviamente hay intereses detrás que pueden ser buenos o malos, todo depende de la apropiación que nosotros hagamos de ello. Nadie puede quejarse del celular como “algo malo”, porque salva vidas, porque nos mantiene comunicados con el mundo. El exceso no es el celular, somos nosotros y lo que puede haber detrás: por ejemplo, el CEO de Netflix cuando afirma que “su principal competencia no son otras señales de televisión sino mas bien hay que ganarle al sueño”, es peligroso que alguien piense eso y encima le vaya bien.
Es cierto que estamos creciendo con tecnología y eso reconfigura lo que quiere decir ser humano, esto lo estudian mucho los sociólogos o los antropólogos, entender qué implica ser un humano en este momento tan rodeado de tecnología que se ha vuelto casi parte del cuerpo. Repito, no es bueno ni malo. A veces puede engañarnos, puede convencernos que superamos ciertos límites que en realidad no superamos, por ejemplo, el multitasking. La multitarea, tan común entre los jóvenes, que creen que pueden hacer cuatro o cinco cosas a la vez, pero no es cierto: es decir, sí las podés hacer, pero las hacés mal y no te das cuenta.
Tenemos limites del desempeño, el desempeño no es infinito, si hacés muchas cosas dividís esa capacidad de desempeño, por lo tanto, vas a hacer algo menos en cada una de ellas. La cuestión es que el sistema está hecho de tal manera de cebarte y que no lo adviertas, entonces me parece que es necesaria la auto concientización: “todo bien, hace veinte cosas al mismo tiempo, pero si querés hacerlas bien, hace una por vez”.

Inundan las redes videos de por ejemplo, los avances en robótica de empresas como Boston Dynamics (ente otras), que asombran y asustan por igual. Lo mismo ocurre con avances en Inteligencia Artificial o biotecnologías que realmente parecen surrealistas. ¿Ves un límite ético en el propio sistema científico-tecnológico? ¿Te asusta lo que pueda venir?
Primero quiero que me devuelvan la plata, porque yo crecí viendo los supersónicos y todavía esto de los autos voladores, no llegaron. Sin duda que la ética tiene que estar metida, en algunas cosas de manera muy obvia, por ejemplo, se están desarrollando y pronto van a estar comercialmente disponibles vehículos que no necesitan conductor, allí hay un montón de desafíos éticos que tenemos que “programar” en el auto.
La inteligencia artificial obviamente también tiene cuestiones de ética, aprende y re aprende de sí misma. Sin embargo a mí no me preocupa tanto, creo que lo vamos a resolver como hemos resuelto otras cuestiones, no creo que haya que estar asustado por esto que se denomina “la singularidad” esto que la inteligencia artificial supere a la inteligencia humana porque finalmente todo se basa en lo que nosotros le metemos a esas máquinas, como decía Asimov en sus libros. Si nosotros programamos con cuidado el ADN de las maquinas es muy difícil que se rebelen contra nosotros, es más ciencia ficción que otra cosa. Si bien creo que debemos ser cuidadosos y éticos no creo que se nos venga un Apocalipsis maquinal por delante.